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Gestión del tiempo (9ª edición)

Se ha estimado que, a día de hoy, en un solo día recibimos más información de la que nuestros abuelos podían recibir en un mes. Debido a esta creciente “infoxicación” se hace llamativo que todavía se siga hablando de gestión del tiempo como si el tiempo fuera algo que se pudiera gestionar.


Cuando se habla de «gestión del tiempo», la gente piensa normalmente en planificación de tareas y en cuadrantes importante/urgente que les permitan recuperar el control de sus vidas.


En el ámbito profesional, las empresas, por su parte, piensan en cómo hacer que sus empleados produzcan más, es decir, en cómo hacer que sean más productivos o, dicho de otro modo, en cómo obtener más resultados con los recursos disponibles.


Hoy en día, la vida personal y la profesional se entremezclan hasta tal punto que ya es casi imposible separar una de la otra. La existencia omnipresente de los teléfonos móviles ha conseguido que el entorno profesional invada constantemente la “vida privada” mientras que, del mismo modo, esta última se entromete en constantes intromisiones en el área profesional.

La inmediatez en el acceso a cualquier tipo de datos e información, en cualquier instante y en cualquier entorno, hace perfectamente posible que nos veamos sorprendidos por un mail de trabajo (generalmente muy poco importante) durante una cena privada o, paralelamente, que un meme absurdo se entrometa en medio de una reunión de trabajo. 

Entonces, ¿Por qué no tratar de integrar ambos escenarios y hablar de productividad personal?
La famosa expresión «gestión del tiempo» está pidiendo un relevo a gritos, no sólo por ser engañosa sino por tratarse de un concepto caduco e inservible.

Las técnicas tradicionales englobadas en lo que se ha venido llamando «gestión del tiempo» no funcionan y no lo hacen porque:
• Consideran el tiempo como un recurso gestionable, cuando el tiempo es en realidad una circunstancia más de las muchas que te condicionan
• Se basan en estimaciones subjetivas, relativas y cambiantes de importancia y urgencia
• Parten del principio falso de que las prioridades son estáticas y las asignas tú,
ignorando que con frecuencia vienen impuestas y que cambian constantemente en función de los imprevistos
• Obvian la existencia de las interrupciones y que el impacto de las mismas hace
inservible cualquier tipo de planificación

Por eso, hay que empezar a asumir que lo verdaderamente necesario es un método que nos ayude a conseguir los resultados que deseemos con los recursos de los que disponemos, no sólo en el aspecto profesional, sino en cualquier otro ámbito de tu vida.


Lo importante no es si las cosas te parecen más o menos importantes o urgentes sino si:
a) te has comprometido o no a hacerlas y
b) las circunstancias en las que te encuentras (contexto, tiempo y energía disponible) en cada momento.


Todas las personas disponen del mismo tiempo, pero no todas alcanzan los mismos resultados.
Al margen de las capacidades individuales de cada una de ellas, lo que parece evidente es que quienes son conscientes de los compromisos que han adquirido, tienen claro el resultado que quieren lograr para cada uno de ellos y saben cuál es la próxima acción que les acerca a conseguirlo parten con ventaja sobre las que no .

Sergio Serrano

Formador

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